jueves, 29 de septiembre de 2011
lunes, 12 de septiembre de 2011
Conan, ¿en qué te has convertido?
Vuelvo a escribir. No se me había olvidado cómo se hace, lo que pasa es que últimamente tengo más bien poco que contar. Hoy voy a hablar sobre una película: Conan el Bárbaro. Precaución: spoilers.
El jueves pasado Dani y yo, tras mucho tiempo mirando la cartelera, decidimos ir al cine. Yo tenía una entrada gratis que había conseguido hace mucho mucho tiempo al ganar el tercer premio de un quiz (concurso en grupos de cultura general, muy popular en Noruega). Así que como tenía miedo de que se caducara la entrada fuimos a ver Conan, con la curiosidad de ver a Khal Drogo hablar en un idioma distinto al dothraki. Para los que no sepan de qué redios estoy hablando, Khal Drogo es un personaje de Juego de Tronos y el actor que lo interpreta es el mismo que interpreta a Conan. Así entramos en una pequeña sala del cine ELDORADO donde había más bien poca gente y un individuo vestido de Elvis, aunque este dato tampoco es especialmente sorprendente dado que ese mismo día por la mañana habíamos visto a un hombre-lobo por la calle.
Después de mil años de anuncios casi ni nos dimos cuenta de que empezaba la película porque pensamos que era otro trailer más. Memorable fue el momento en que pusieron el trailer de Cowboys & Aliens y los que estaban detrás de nosotros emitieron una sonora carcajada al oir el título de la película. Verdaderamente el título da risa, aunque yo personalmente prefiero decir "Cowboys, aliens y viceversa".
Empieza la película. ¿Qué decir de ella? Yo no la describiría como una película de acción, sino más bien como una comedia romántica donde vuelan ostias por doquier. Explicación: Ostias. Chica. Más ostias. Algo de magia. Más ostias. Escenita romántica. Más ostias. Fin.
Mención especial merece ese dato tan interesante que se aporta sobre la juventud de Conan, cuando era carterista en Zamora. Sí, estimado lector, ha leído usted bien, Zamora. Nos entró la risa floja. Y es que era un no parar. Una de las escenas principales era aquella en la que tenía lugar una pelea contra unos "temibles" guerreros de arena. Lejos de impresionarme o entretenerme, consiguió que recordara una escena de otra película: Jason y los argonautas. Aunque esta última me divirtió más que la que estaba viendo.
La pareja romántica también era bastante cómica, por un lado el fornido y bruto Conan y por otro una delicada monja que parece Jodie Foster de joven. Tan diferentes y, sin embargo, tan terriblemente predecible.
No sabría describir muy bien la escena final, que tenía lugar por cierto dentro de una cueva con forma de calavera gigante con la boca abierta y de donde salía una catarata. Ahí Dani consiguió visualizar a Homer Simpson babeándose al pensar en una rosquilla. No podía ser más ridículo. Como iba diciendo, la escena final debía mantener al espectador con el alma en vilo, conteniendo la respiración por la tensión del momento. Sin embargo, yo sólo fui capaz de decir: Pero, ¿a qué táis jugando, ho?
Consejo: Amiguitos, si queréis ver Conan el Bárbaro no penséis que es una película de acción, pensad que es una parodia y la disfrutaréis más.
martes, 6 de septiembre de 2011
martes, 23 de agosto de 2011
FrIKimiCaS
Ese es el nombre de mi nuevo proyecto, o al menos intento, de webcómic del cual soy guionista y dibujante. El dibujo deja bastante que desear, soy consciente de ello, pero si te paras a pensar que lo máximo que he dibujado en los últimos años son moléculas, pues ya parece que no está tan mal. He tratado de mantener una estética naive a la par que kitsch por no decir que es un poco cutre, pero me da igual. He disfrutado haciendo esta tira y seguramente haré más. Que ustedes lo disfruten.
viernes, 12 de agosto de 2011
CAPÍTULO VII: Playa tropiártica. Con el frío en los talones.
Proseguimos nuestro camino por carretera hacia Å, no sin antes detenernos en un hermoso paraje: la playa de Skagsanden (Flakstad). Es una larga y solitaria playa de arena blanca y aguas cristalinas que poco tiene que envidiar a las playas tropicales. Quizás sólo un pequeñísimo detalle.
Decidimos dar un paseo a la orilla del mar, para ello había que cruzar antes un pequeño riachuelo, así que para no mojar las botas nos descalzamos. Al fin y al cabo era verano, tampoco podía ser tan terrible. Dani iba a la vanguardia, pues quería darse un baño, y nos esperaba ya al otro lado sonriente.
D: Venga, Bea, pasa que está caliente.
Beína con la mosca detrás de la oreja empieza a cruzar.
B: No se por qué me da que voy a soltar una…¡¡¡BLASFEMIAAAA!!!
Dicen que cuando el río suena agua lleva, pues cuando yo sospecho del río es porque está muy frío. El agua estaba gélida hasta el punto de sentir dolor. Un dolor que no volví a experimentar hasta que llegó el invierno (pero en versión seca). Ese tipo de dolor que te lleva a pensar: “Si me paso mucho rato con los pies aquí dentro creo que tendrán que cortármelos”. Sin embargo, la temperatura del agua no impidió que Dani se bañara en el mar dos veces. Debe estar hecho de otro material ultraresistente al frío. Parece un anti-Targaryen (referencia sólo apta para frikis de Juego de Tronos, como yo).
Tras los baños, los paseos, las fotos y el correteo decidimos dejar la playa a los turistas jubilados alemanes que acababan de llegar. Nos acercamos al coche poco a poco. Yo me quedé un poco rezagada porque siempre tardo mil años en atarme mis enormes botas. Fue entonces cuando vi algo muy raro. Era un hombre vestido con un mono azul que caminaba con paso decidido frente a mí. “A lo mejor es un pescador”, pensé, pero a medida que se acercaba pude ver más detalles. Detalles inquietantes. Tenía la cara desfigurada y poco amigable y además en la mano llevaba una especie de gancho o arpón, no sé muy bien qué era. Posiblemente era un utensilio de pesca, pero fuera lo que fuera era muy puntiagudo. Me empecé a poner nerviosa. Me había quedado sola. El hombre empezó a gritar enfadado algo incomprensible a alguien imaginario mientras agitaba el gancho con la mano. ¡Un loco peligroso! Pasé unos segundos de auténtico terror mientras caminaba lo más rápido posible tratando de evitar el contacto visual con ese tipo. Hasta que lo crucé. Se quedó atrás. No se dirigió a mí para nada. Se fue hacia los turistas alemanes y empezó a gritarles. Ellos se reían porque sabían que realmente era un animador de su excursión gastándoles una broma. Cuando por fin estuve con Dani me dijo que se imaginaba que era algo así porque lo había visto salir del autocar de los alemanes y que lo que llevaba era una careta.
Continuará.
lunes, 1 de agosto de 2011
CAPÍTULO VI: Camín de Å (primera parte)
En nuestro tercer día en Lofoten teníamos por objetivo llegar hasta el final. Hasta el final de la carretera al final de la última isla del archipiélago de las Lofoten. Allí se encontraba un pueblo que se llama Å, y que se pronuncia “O”. Nos esperaba un largo viaje por carretera. Un viaje donde experimentamos muchas de las vicisitudes posibles en estas tierras del norte de Noruega. La primera de ellas fue un par de chalaos que iban caminando por la carretera cargados con maletas. Un rato después de encontrarlos nos detuvimos a estirar las piernas y de paso a ver el paisaje que entre otras cosas contaba con un bonito valle glaciar.
Continuamos nuestro periplo por carretera hasta llegar a un lugar patrimonio de la Unesco: Nusfjord. Se trata de un pueblo de pescadores donde la infraestructura principal es el puerto, en torno al cual se distribuyen casitas típicas de color rojo. Hay también secaderos de tørfisk, donde se cuelga el pescado, generalmente bacalao, para que se seque al aire. Pero como fuimos en verano los secaderos estaban vacíos.
En Nusfjord también hay un pequeño museo dedicado a la pesca y a la elaboración del aceite de hígado de bacalao, tan nutritivo como repugnante, y restaurantes que ofrecen pescado de forma peculiar.
En este pequeño pueblo descubrimos cosas interesantes como la cantidad de holandeses que hay en el norte de Noruega, que los chalaos de las maletas eran rápidos, pues habían llegado a Nusfjord casi al mismo tiempo que nosotros; o la alegría con la que una estrella de mar puede devorar un pescao ¿Bacalao o caballa? Se admiten sugerencias.
A pesar de que Nusfjord era un lugar encantador, debíamos proseguir nuestro viaje. Fue entonces justamente al abandonar el pueblo cuando se cruzó en nuestro camino un rebaño de ovejas. Al llegar donde estaban con el coche muchas se apartaron, pero no todas. Una de ellas, acompañada por sus dos corderitos, se quedó clavada en medio de la carretera mirándonos de forma desafiante. Era una mirada aviesa, digna de un duelo de película del oeste. Una mirada de “o tú o yo”. Pero teníamos que seguir, así que Dani se bajó del coche para ahuyentar al bicho, no sin cierto grado de acojonamiento, pues la oveja parecía tener mal carácter, pero finalmente la maniobra tuvo éxito.
Continuará.
martes, 26 de julio de 2011
Me duele Noruega
Necesito escribir. Hace mucho tiempo que no lo hago y ahora más que nunca necesito liberar lo que llevo dentro para ver si así consigo dormir mejor. Los exámenes quedaron atrás y los resultados no fueron tan buenos como deseaba. Eso me hundió en la miseria más absoluta y sin embargo ahora mismo me importa más bien poco. Dani está vivo. Yo estoy viva. No necesito nada más.
A estas alturas creo que todo el mundo sabe lo que pasó el 22 de julio en Oslo. Un coche bomba explotó junto a la sede del gobierno matando a varias personas y en una pequeña isla cercana a la ciudad decenas de jóvenes fueron asesinados sin piedad por un loco.
No nos pasó nada ni a Dani ni a mí, pero no fue ni gracias a ningún dios ni al azar. No puedo dejar de pensar en que si no nos pasó nada fue gracias a que un psicópata escogió un día en que no estábamos en la ciudad para cometer esas atrocidades.
La sede del gobierno noruego está sólo a cuatro manzanas de mi casa, a dos de mi gimnasio, a una de mi pizzería y mi hamburguesería favoritas y justo delante de mi banco. Paseábamos por allí con frecuencia. En las imágenes que emitieron por televisión se veía gente herida en la calle por donde pasaba con el tranvía siempre que volvía de la universidad. La universidad. Esa es otra. Si no me equivoco se habló también de que encontraron un paquete bomba en la sede de la radiotelevisión noruega (NRK). No llegó a explotar afortunadamente, pero hay un dato que no se ha mencionado. Ese edificio se encuentra justo al lado de la que ha sido mi facultad durante el último año. La facultad de Química. Si ese artefacto llega a explotar y la onda expansiva hubiera alcanzado la facultad no quiero ni pensar lo que habría pasado con todos los reactivos que allí hay. Quizás habría desaparecido todo el campus.
Por suerte, no conozco a nadie que haya sido afectado, pero me duele de todos modos. Es Oslo. Es mi ciudad. Nuestra ciudad. Oslo para mí es el sueño cumplido tras mucho esfuerzo y sufrimiento, es la independencia, la evolución académica y personal, el enriquecimiento cultural, la ciudad del amor y de las oportunidades, la posibilidad de un futuro mejor que el que me ofrece mi propia patria. Oslo es todo eso y muchísimas cosas más. Por eso si hieren a Oslo, a Noruega, también me hieren a mí y me duele. Me duele Noruega.
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